El Club Atlético Progreso no es solo un equipo de fútbol para nuestro barrio. Es una institución muy solidaria sobre todo con los niños de La Teja, poniendo a disposición de los mismos un comedor el cual satisfacen las necesidades básicas de alimentación, un consultorio dental, y una sala de profesores para que aprendan ajedrez.

Al comedor infantil asisten aproximadamente niños diariamente. Una parte de la obra es costeada por el club, y otra parte son donaciones que se reciben de los comerciantes de la zona e inclusive de otros barrios. Indudablemente no es sencillo mantener durante todos estos años un comedor que garantice la comida a “botijas” que vienen a llevar un plato de comida decoroso en su estomago, siendo quizás el único que tienen en el día.

El inicio de esta obra data del año 1983, tras la crisis financiera del año 1982 se acercaban muchos niños a la sede de Progreso a pedir un plato de comida. Se empezó dándoles pizza a los que se encontraban en esa situación, hasta que un día surgió la iniciativa de crear un comedor.

Tras un par de reuniones de la directiva se evaluó el tema y se buscaron las formas de solventarlo, sabiendo que esto sería muy importante para el barrio, y en especial para los niños.
El comedor comenzó con unos pocos niños pero con el tiempo cada uno de ellos fue arrimando a otro, venían hermanos, primos, amigos, y todo aquel que necesitaba un plato de comida.

Les contamos que a lo largo de este tiempo siempre se trataron de usar los mejores productos que se pudieran conseguir para elaborar los alimentos de los niños, en la mayoría de las ocasiones son comida de olla, una olla que tiene una capacidad de 100 litros y que es preparada en su totalidad, y no quedando nada en ella al terminar la hora del almuerzo.

Esta obra no se hubiese podido llevar a cabo sin la colaboración y trabajo diario de una mujer muy especial, Doña Ramona Villar, pilar del comedor infantil por casi 20 años, cuidando el comportamiento de los niños, estimando y calculando la olla para aquel nuevo niño que se acercaba y pedía algo de comer.

Hoy en día contamos con la invalorable colaboración de mujeres y hombres que desinteresadamente nos dan una mano, y también con funcionarios asalariados por la institución que muy temprano todos los días se preocupan por preparar la olla para los 150 comensales que concurren.

En algunas oportunidades lamentablemente hemos sufrido algunos robos en el comedor, aquellos amigos de lo ajenos, se han llevado garrafas, platos, cubiertos, y hasta alimentos. Pero gracias a grandes colaboraciones de vecinos, comerciantes, empresarios, se pudieron reponer casi de inmediato, haciendo que el comedor no dejara de funcionar en ningún momento.
Los niños que asisten al club no solo se van con la panza llena, sino también dentro de lo posible con los dientes sanos, al contar con una asistencia odontológica dos veces por semana.

Se trata en lo que se puede de dar una mano a las madre de los niños realizando talleres, con los cuales ellas puedan contar con algún arma más para defenderse en la vida.

Para finalizar queremos agradecer a todos los que hacen y han hecho posible esta obra, desde los comerciantes, los particulares que trabajan en el comedor, los diversos donantes de artículos que no precisamente son alimentos, y a todos los dirigentes que a lo largo de 24 años lucharon con mucho sacrificio para ayudar a los niños de nuestro barrio.